domingo, 21 de junio de 2015

CATULIANA








Siempre deseaste que mi casa
fuera la más indigna del imperio.
Un nido de sombras,
un rincón sin música.
Cuántos pasaron de largo
con indiferencia,
cuántos escupieron junto al umbral oscuro.
Cuántas amenazas escuché desde el fondo,
en el patio de arena salada,
mientras miraba mis manos
hacerse viejas
igual que tu mirada.
Y ahora,
que te entrego las llaves,
que te regalo todo su vacío,
los viejos pergaminos,
las estatuas desnudas, desmembradas,
las voces que frecuentan sus pasillos,
te excusas con un simple no recuerdo.
Bastardo de cien padres,
ojalá que te duren
la vida y la memoria
para ver cómo llueven los inviernos
sobre ese vino agrio
que guardas para, un día,
celebrar tu victoria.





















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